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Rasgos generales de la cultura bizantina.

De Wikillerato

En el año 395 el emperador Teodosio dividió el Imperio entre sus hijos Honorio (Occidente) y Arcadio (Oriente). Mientras el Imperio romano de Occidente caía en manos de los bárbaros (476) el Imperio romano de Oriente, conocido como bizantino por su capital Constantinopla, la antigua Bizancio (hoy Estambul), sobrevivió a los ataques de éstos. Con el emperador Justiniano (527-565) alcanzó una época de poder y estabilidad, aunque no consiguió rehacer la unidad del Mediterráneo. Bizancio se convirtió en un foco económico y cultural de gran importancia, que rechazó los sucesivos ataques de persas y árabes hasta sucumbir finalmente en manos de los turcos que ocuparon Constantinopla en 1453.

La civilización bizantina es una síntesis de las culturas romana, oriental y cristiana. La ciudad de Constantinopla, estratégicamente situada a orillas del Bósforo, fue un cruce de culturas donde se mezclaron Oriente y Occidente. En el arte bizantino, continuador del arte paleocristiano oriental, siguió viva la Antigüedad clásica a la que se van a fusionar los elementos griegos y orientales, más lujosos y coloristas, que acabarán por imponerse a los romanos.

El arte bizantino es imperial y religioso, ya que mostraba el prestigio y poder del emperador que era cabeza del Estado y de la Iglesia, lo que se conoce como cesaropapismo.

El arte bizantino pasa por tres fases de esplendor, que conocemos con el nombre de Edades de Oro, separadas por periodos de crisis y decadencia:

  • La Primera Edad de Oro comprende los siglos VI – época de Justiniano - y el VII. Tras una etapa de formación (siglo V) es el momento de esplendor del arte bizantino, en clara supremacía sobre Occidente.
  • La Segunda Edad de Oro (siglos IX a XII) se inicia tras un periodo de luchas iconoclastas en el siglo VIII, hasta la caída de Constantinopla en manos de los cruzados (1204) que abre una profunda crisis en Bizancio.
  • • La Tercera Edad de Oro (siglos XIII-XV) corresponde a la dinastía de los Paleólogos y finaliza con la toma de Constantinopla por los turcos en 1453. El arte bizantino se difundió por Rusia y los paises del sureste de Europa.

Tabla de contenidos

La arquitectura bizantina: características generales, obras significativas y difusión.

Son elementos característicos de la arquitectura bizantina el empleo de materiales pobres (piedra y ladrillo) en el exterior; sin embargo en el interior estaban recubiertos por materiales lujosos como mosaicos con teselas, mármoles, cerámica vidriada y láminas de oro y plata que le dan al templo una policromía de influencia oriental.

Su gran aportación fue el empleo de la cúpula sobre pechinas, es decir, triángulos esféricos que facilitan el paso de la planta cuadrada a la circular de la cúpula, que simbólicamente es una imagen del cielo. También del mundo romano y paleocristiano tomaron el uso del arco de medio punto y la columna con un capitel troncocónico muy decorado, generalmente con motivos vegetales o geométricos, labrado a trépano y encima del cual hay un cimacio, pieza de forma trapezoidal.

Hay una gran variedad de plantas. Muestran preferencia por la planta central pero también hay edificios de planta basilical y de cruz griega (con los brazos iguales).

La Primera Edad de Oro (siglos VI a VIII)

En el siglo VI durante el reinado del emperador Justiniano, gran mecenas de las artes, se realizaron muchas construcciones tanto en Constantinopla como en Rávena.

En Constantinopla hizo construir la iglesia de Santa Sofia dedicada a la Sabiduría divina. Es la obra maestra del arte bizantino. Sus arquitectos fueron Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, que ya habían trabajado para el emperador en construcciones militares. La planta, muy original, combina la planta basilical y la central. Es casi rectangular con un doble nártex en la entrada y el interior dividido en tres naves; en la nave central, que acaba con un ábside en la cabecera, se eleva una gran cúpula de 31 m. de diámetro y 55 metros de altura, en un intento de superar la cúpula del Panteón romano, sustentada sobre cuatro pechinas apoyadas sobre pilares y contrarrestada por un sistema de semicúpulas y exedras (cuartos de esfera) que descargan su peso en contrafuertes exteriores. La cúpula está recubierta por teselas doradas y una gran cruz azul que al entrar la luz por las ventanas da la sensación de que la cúpula está flotando en el aire. En el exterior da la sensación de ser más baja. Hay Los turcos, tras la toma de la ciudad en 1453, convirtieron a Santa Sofia en una mezquita musulmana y le añadieron cuatro minaretes; ahora es un museo.

En Rávena, la capital del exarcado occidental situado en el nordeste de Italia, quedan magníficos ejemplos de templos bizantinos como San Vital, de planta octogonal con deambulatorio, cúpula central sobre pechinas sostenida por ocho pilares y amplio nártex a los pies, y San Apolinar in Classe y el Nuevo, ambas iglesias de planta basilical.

La Segunda Edad de Oro (siglos IX a XII)

Predominan las iglesias de planta de cruz griega, cubiertas con cúpulas que se asientan sobre tambores poligonales. A este tipo pertenecía la desaparecida iglesia de Nea de Constantinopla, mandada construir pot Basilio I. Pero los mejores edificios están fuera de la capital. En Italia destaca la basílica de San Marcos de Venecia, del siglo XI, de planta de cruz griega inscrita en un rectángulo con cinco cúpulas sobre tambor y tres ábsides; el nártex también tiene pequeñas cúpulas. Se inspira en la iglesia de los Santos Apóstoles. De la misma época son Santa Sofía, en Kiev, de forma basilical de cinco naves y la iglesia de Dafni, en Grecia.

La Tercera Edad de Oro (siglos XIII-XV)

El siglo XIV constituye un periodo de renacimiento y esplendor del arte bizantino. A esta etapa corresponden en Grecia las iglesias de Mistra (Peoloponeso) y los monasterios del Monte Athos. El arte bizantino se sigue extendiendo por los valles del Danubio, por Rumania y Bulgaria, llegando a las tierras rusas. En Moscú destaca la iglesia de la Asunción del Kremlin, del siglo XVI, con cinco cúpulas bulbosas sobre elevados tambores, muy características de este periodo.

Las artes figurativas bizantinas

Escultura

Debido a las terribles querellas iconoclastas del siglo VIII, que destruyeron muchas obras, no quedan muchas obras. La escultura bizantina supuso la culminación del arte paleocristiano y mantuvo las técnicas y estética propias del mismo, como la rigidez, antinaturalidad y ausencia de volumen. Su mayor interés es la influencia que tendrá en el arte medieval de Occidente.

En bulto redondo destacan los Tetrarcas de San Marcos de Venecia. Los artistas prefirieron trabajar el relieve realizado sobre materiales ricos (marfil); abundan piezas de pequeño tamaño, como los dípticos consulares, conmemorativos de los nombramientos, de los que un buen ejemplo es el Diptico Barberini, y otras de temas religiosos. Es famosa la Cátedra del obispo Maximiano, en Rávena, del siglo VI, realizada con placas de marfil minuciosamente talladas.

Son muy interesantes los capiteles, decorados con temas geométricos y vegetales, cincelados con gran minuciosidad como los de San Vital de Rávena o los de Santa Sofía.

Mosaico y pintura

El mosaico se utilizaba en la decoración interior de las iglesias bizantinas; servía para ocultar la pobreza de los materiales usados (ladrillo) y para conseguir un efecto de riqueza ornamental, por su gran colorido y luminosidad. Los mosaicos se hacían a base de teselas de mármol, cristal, esmalte, nácar, en variadas tonalidades de colores vivos (oro, plata, rojo, verde, azul, blanco). Junto al rico colorido, estos mosaicos se caracterizan por su antinaturalidad, frontalidad, hieratismo, isocefalia, jerarquización y figuras planas.

De la Primera Edad de Oro[1]] destacan los mosaicos de Rávena. En San Apolinar el Nuevo se encuentran las procesiones de Santos y Vírgenes que se encaminan hacia el ábside, donde se halla la Virgen con el Niño y los Reyes Magos. En el ábside de San Apolinar in Classe aparece la visión celeste de San Apolinar con un rebaño. El mejor conjunto musivario es el de San Vital en que se representa al emperador Justiniano y su séquito, ofreciendo presentes a la Iglesia, y a su esposa Teodora y su corte. Datan del siglo VI y las caras son retratos idealizados.

   
 
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